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24/7


Tras un largo día en el que habíamos estado de viaje, cada uno resolviendo sus asuntos, llegamos por fin a casa. Tras una reconfortante cena, ella apareció con el collar en las manos. Me quedé inmóvil contemplando sus indescriptibles ojos y asentí con la cabeza.

No quería esperar demasiado, pues deseaba tomarla allí mismo, de manera que tras postrarse para colocárselo, ordené que se desnudara. Siempre me he regodeado en esa visión. Ella, mi perra, mi puta, mi esclava, desnuda ante mi, con los brazos hacia atrás exponiendo sus pechos y las piernas bien abiertas para desencadenar un instinto lujurioso difícil de contener. El tintineo del mosquetón en su collar me vuelve loco...

La poseí de todas las formas inimaginables, quería disfrutar de mi propiedad, tenía ganas de jugar con ella, sin más, de manera que en el sofá del propio salón, hicimos gala de ciertas habilidades malabares. Me encanta follar a mi puta. No se el tiempo que estuvimos, pero al regalarle mi leche , me di cuenta que aquello no acababa más que comenzar. Pero había tiempo de sobra.

Sin dejarle tiempo siquiera a saborear la calidez del momento, le indiqué que preparara su "cama" para esa noche, pues dormiría a los pies de su Dueño, como otras veces. Oía como iba de aquí para allá, siempre acompañada de ese tintineo que tanto me gusta. Una vez que terminó se colocó de nuevo ante su Amo, como siempre se le indicó que debía hacer y dijo que estaba listo.

"Perrita, vete a descansar, es tarde". Obediente y sumisa, me la encontré esperando a su Señor un rato después, donde la uní mediante una gruesa cadena a la pata de la cama, al tiempo que me despedía de ella hasta el día siguiente. Tiene cara de ángel cuando duerme, y la visión de verla desnuda cuando lo hace, unida por esa cadena a su collar, desconcertaría a cualquiera, dudando entre si satisfacer sus mas bajos instintos o liberar ese ser celestial que reposaba a los pies de su Amo.

La mañana llegó rápidamente.Mi perra había pedido durante la noche permiso para liberarse de su atadura, el cual había sido concedido por su excelente comportamiento hasta entonces. Eso permitió que me despertase de una manera maravillosa, al sentir como algo descansaba a mis pies. Era juliet, que se había levantado antes que su Dueño y permanecía de rodillas con la cabeza en los pies de la cama esperando tranquilamente que su Señor se levantara.

"Ven aquí pequeña, ven a la cama".

Me acompañó en el despertar matutino, la sentí caliente, ardiente y su coño se mojó con facilidad al sentir mis caricias. Sin duda deseaba tomarla de nuevo, así que, ¿Cómo no usar lo que es tuyo, si lo deseas?. Me volví a follar a mi perra, penetrándola con virulencia, como desarbolada pasión. Dos cuerpos sudorosos, vibrando al unísono mientras leves rayos de sol se filtraban por la ventana...

Ella seguía sin obtener el premio supremo ante tanta entrega incondicional, pero acataba la decisión de su Amo y se sentía satisfecha con tan solo sentir el calor del semen de su Dueño llenándola una y otra vez. Le indiqué que se fuera, ya que me apetecía seguir acostado un rato, ella asintió y sin mediar palabra, realizó los quehaceres con prontitud. Limpio mi polla con su boca, beso mis pies y se marchó caminando a cuatro patas, desnuda, cerrando la puerta tras de sí.

El día continuaba transcurriendo sin demasiados sobresaltos. Tras desayunar y comprobar el estado de mi perrita, era el momento de ponerse a trabajar un poco. Ella, siempre postrada ante mi presencia, tb tenía cosas que hacer. Pidiendo permiso para abandonar su posición y comenzar a realizar sus tareas, me sentí lleno de orgullo.

Acudía de vez en cuando a ver a su Amo, colocándose en la posición correspondiente y pidiendo permiso para seguir haciendo sus tareas. Todo estaba envuelto en un área de naturalidad y normalidad que asustaba, los besos, las solicitudes de abrazos, las caricias...

A la hora de comer, sirvió los platos y se colocó arrodillada junto a su Señor, esperando el permiso para comer en la mesa o por el contrario, hacerlo donde otras veces, en su plato de perra. Con una sonrisa agradeció que en esta ocasión, comiera a mi lado. Antes, coloqué en sus tobillos sendas correas unidas por una gruesa cadena, ¡Qué escándalo formaban!, no se como los vecinos no suben a comprobar que ocurre...

Pidió permiso para descansar, y así la deje, mientras terminaba algunas cosas pendientes que tenía por hacer. El día se iba, la noche llegaba y mi perra acudía una y otra vez... Seguía caliente, ansiaba su premio. La cena transcurrió igual que el almuerzo, aunque en esta ocasión si jugué un poco más con ella, con la duda. Le daba de picar de mi mano, o le ponía trozos de comida encima de la mesa que ella debía de recoger con su boca...

Ella sabía que se iba a acercar su momento...

La dejé con los ojos vendados y un consolador incrustado en su coño un buen rato en el dormitorio. Quería alargar un poco más su dulce sufrimiento, aunque cuando finalmente volví, los flujos escapaban ya sin control de su sexo. Una vez más poseía a mi puta de lujo, le coloqué el mismo consolador que antes tenía en su coño en su boca, con la orden expresa de que no podía dejarlo caer... De nuevo la pasión, de nuevo mi orgasmo al sentir lo cachonda que se podía llegar a poner mi esclava con todas las "agradables vejaciones" a las que la sometía, de nuevo mi leche en su coño...

Recogí todo el semen que pude con el consolador y volví a hundírselo en la boca. Por las comisuras de sus labios escapa ese liquido espeso y blanco, que se esforzaba en controlar y saborear. De repente su cuerpo saltó asustado al comprobar que su Dueño comenzaba a masturbarla, ¡Sí, iba a tener permiso para correrse!. ¿O quizás era un nuevo juego para dejarla excitada para el resto de la eternidad? Pronto salió de dudas. Balbuceó como pudo permiso para llegar al orgasmo, y tembló como una rama cuando se parte al llegar a la tremenda explosión que con tanto merecimiento había conseguido...


Todo el fin de semana estuvo aderezado con risas, alguna broma hacía la torpeza de su Dueño, que llegó a dejarse caer la gruesa cadena encima de los pies (y qué saltos de dolor daba) al escapársela de las manos, cariño y sobre todo, naturalidad...

Durmió esta vez en la cama acompañando a su Amo, con un platito de agua en el suelo al cual debía de acudir a beber a 4 patas por si tenia sed, y con la orden de que a la mañana siguiente, estuviera con el plug colocado, aunque quizás recibiera visita...

¿Cuanto tiempo ha pasado desde que le coloqué el collar? 36 horas? Da igual, entró hace un rato por el messenger y su buenos días Amo me hizo sonreir al comprobar que el collar mas importante es aquel que es invisible, aquel que se lleva dentro y que se siente por encima de todas las cosas.

Gracias por tu entrega, mi preciosa perrita.

Sir Lancelot, orgulloso propietario de juliet{SL}

© 2003 Sir Lancelot